Viajar a Oslo

Viajar a Oslo

Posiblemente sea la excursión más fácil y la más recurrida desde Copenhague, principalmente por la línea marítima que une ambas ciudades en un crucero nocturno que mezcla viaje y ocio.

Se trata de una experiencia que recomiendo vivamente ya que no ocupa mucho tiempo y se trata de un viaje cómodo y barato, para el que no hace falta una preparación especial. Además, quien proceda de Suecia puede tomar el barco en Helsingborg, donde hace una parada dos horas después de salir de Copenhague.

La ruta está gestionada por la naviera DFDS y tiene dos barcos que se cruzan diariamente en el recorrido. Uno sale de Copenhague hacia Oslo alrededor de las cinco de la tarde y otro en la dirección contraria a la misma hora. En la alternativa más barata, el viaje cuesta apenas 500 coronas danesas ida y vuelta, incluído el alojamiento en un camarote sin ventana. Otras alternativas como los diferentes desayunos incluídos, camarotes en diversas cubiertas o ventana en ellos suponen un suplemento que cada uno debe decidir. El barco es una auténtica ciudad flotante con sus propias tiendas, restaurantes, discotecas e incluso un pequeño cine.

El viaje dura toda la noche y se llega a Oslo alrededor de las 9 de la mañana, después de casi cuatro horas de recorrido por el fiordo de la zona. La alternativa más barata ofrece tiempo libre para visitar la ciudad hasta la salida del barco el mismo día por la tarde, lo que es más que suficiente para dar una vuelta por la capital noruega.

Para quien prefiera otras alternativas, hay dos autobuses diarios desde Copenhague, algunos más desde Malmoe, trenes desde ambas ciudades, Lund y Helsingborg- bien directos o con transbordo en Goteborg- y, además de los vuelos de SAS, Sterling mantiene rutas de precios económicos desde Copenhague que van desde cerca de las 1.000 coronas por un billete de ida y vuelta.

En Oslo se puede dar un paseo por la calle principal de la ciudad, que lleva desde la pequeña Catedral hasta el Palacio Real dejando a un lado el edificio del Parlamento y la zona comercial de la ciudad. Además, en las proximidades, el ayuntamiento y la zona del puerto merecen una visita. Un poco más lejos, pero accesible a pie, está el impresionante Parque Vigeland, en el que se contienen las obras a las que el escultor dedicó gran parte de su vida. Tampoco se puede dejar de lado la pista de los vikingos, y visitar el Museo Vikingo y el Museo Kon-Tiki. Para finalizar, no está tampoco de más una visita al museo de Munch, donde se exhibe la famosa obra de “El Grito”.