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Visitar Belfast


Una de las excursiones de un día más llamativas que se puede hacer desde Dublín es a Belfast, la capital de Irlanda del Norte. El conflicto político que durante años ha azotado a aquella parte de la isla ha dejado un escenario de turismo político y de guerra un poco macabro, pero realmente interesante de ver, especialmente si se visita con alguien que sea de allí o que conozca bien la historia del lugar. Porque lo más llamativo físicamente hablando son los murales, pero no son ni la mínima expresión de la violencia que sacudió la ciudad de los años 70 hasta los 90 y de la tremenda división de comunidades que existe en la ciudad.

Siempre es bueno documentarse un poco y haber leido historias antes de realizar un viaje. No obstante, en este caso es mucho más aconsejable aún para tener una primera impresión de qué significan las cosas que se van a ver o a experimentar allí. Belfast es la ciudad más importante de lo que es el Ulster pero, a diferencia de lo que estamos acostumbrados a creer, no es todo el Ulster, sino una parte importante, ya que hay otros tres condados de esta región histórica que pertenecen a la República de Irlanda.

A diferencia de la República de Irlanda, donde la gran mayoría de la población es católica, el gran número de colonos protestantes que se asentaron en esta parte de la isla hace que la proporción entre católicos y protestantes en la zona sea muy parecida, aunque en algunas ciudades, como Derry o Londonderry (misma ciudad, pero dos nombres según la comunidad de que se hable) se dan desequilibrios puntuales, en este caso a favor de la población católica.

Esta población protestante de la zona, unida al hecho de la fuerte industria que había en la región en la época, fueron dos de las principales razones por las que el Reino Unido no incluyó estos seis condados en al tratado entre Inglaterra e Irlanda que dio origen a la creación del Estado Libre Irlandés en 1921. A partir de entonces, los nacionalistas irlandeses, tanto en el Norte como en el Sur de la isla, reclamaron y lucharon por conseguir la unión con el resto de la isla, mientras que los protestantes residentes en aquellos territorios también luchaban por mantener los lazos con el Reino Unido. No obstante, en la política y la sociedad República de Irlanda ha dejado de estar tan presente esa reivindicación y ha pasado a un segundo plano.

Las elecciones de 2007 dejaron un difícil panorama, ya que las dos formaciones más extremistas de ambas comunidades -el DUP protestante y el Sinn Fein católico- fueron las más votadas y se vieron obligadas a crear un gobierno de coalición, que supuso la devolución por parte de Londres de la autonomía perdida.

Para quien quiera profundizar más en el conflicto, la Universidad del Ulster dispone de la web CAIN (Conflict Archive on the Internet) con información histórica de gran calidad.

Belfast
A la hora de llegar a Irlanda del Norte por carretera desde Dublín, a muchos nos sorprende que no haya ningún tipo de frontera física en la carretera. Lo único que nos indica que hemos pasado de un país a otro son algunos establecimiento de cambio de moneda y de venta de fuegos artificiales (que no está permitida en un país y sí en otro). Hay que recordar que, en toda Irlanda del Norte, la moneda de curso legal es la libra esterlina. Puede que en algunos establecimientos del centro de Belfast, como en algunos de comida rápida, acepten billetes de euro, pero no tienen por qué hacerlo en todos los sitios. Es más, lo raro es que lo hagan.

Llegando a Belfast en el autobús, en algunas calles ya llaman la atención las placas, monumentos o carteles de homenajes a caidos de uno u otro bando, así como algún mural que otro. Pero no se tendrá una imagen más completa del conflicto hasta que se hayan visitado los barrios del oeste de Belfast, concretamente Shankill Road -corazón de la zona protestante- y Falls Road -de la zona católica-. Son zonas con murales y con gran sentimiento de colectividad pero, salvo que se haga alguna tontería enorme, son absolutamente seguras. En los barrios protestantes destaca una plaza con murales en casi todas las casas que dan a ella, mientras que en la parte católica llama la atención el mural homenaje al preso del IRA fallecido en una huelga de hambre Bobby Sands en la sede del Sinn Fein.

En mi opinión, la mejor manera de visitarlas, y la más curiosa al mismo tiempo, es contratando alguno de los varios servicios de taxis turísticos que recorren la ciudad. Lejos de los taxis españoles, son coches enormes de color negro con capacidad para bastantes personas, en las que el conductor sigue una ruta turística predeterminada, explica los murales y las historias de los lugares y responde las preguntas que se le quieran plantear. Tiene el problema de que el precio que aplican es para todo el taxi en muchas ocasiones, por lo que reservarlo para una persona sólo es algo caro. Han aparecido también algunos autobuses turísticos como los de todas las ciudades, pero dan mucho la nota y no son tan típicos como los taxis.

Separando zonas católicas y protestantes está la llamada línea de paz, un muro impresionante que separa barrios con unas puertas de entrada y salida que se cierran por las noches para impedir altercados. En las casas de la zona católica, más cercanas al muro, se pueden ver rejillas cubriendo los patios interiores colocadas con una inclinación que permita que las bombas incendiarias que se pudieran lanzar desde el otro lado rueden y no caigan en los patios interiores.

Por lo demás, Belfast no es una ciudad especialmente grande ni con muchos atractivos turísticos. Tiene una zona comercial que sale de la Donegal Square -donde está situado el Ayuntamiento, con mucha diferencia el edificio más bonito de la ciudad-, sigue por Donegal Place y Royal Avenue y York Street. Una diferencia con Dublín es lo vacío que está el centro durante los días festivos, ya que la gran mayoría de las tiendas permanecen cerradas. Eso hace que ir a Belfast un domingo signifique ver muy poca vida en las calles principales.

Para los aficionados a las curiosidades, hay que decir que Belfast tuvo una importantísima industria de astilleros y, precisamente, en esta ciudad fue donde se construyó el Titanic. Existen proyectos para convertir lo que queda del astillero en un centro cultural de referencia para la ciudad pero, por el momento, el antiguo astillero no ofrece atractivo alguno al turista.

Para llegar desde Dublín, recomiendo alguna de las rutas organizadas que salen desde allí. Por ejemplo, la de Paddywagon, que por 43 euros incluye el viaje ida y vuelta y el tour guiado de la ciudad y los murales en taxi, además de alguna parada intermedia más. Para llegar desde Belfast, lo mejor son los autobuses de Bus Eireann, que salen de Busaras. El precio no es excesivamente caro y el tiempo de viaje no es demasiado. Desde el aeropuerto sale también el autobús Aircoach, cómodo y muy bien de precio. El tren sale de la estación de Connolly y resulta demasiado caro en comparación con lo que ofrecen los autobuses.

Belfast es una excursión para un día entero. Quien quiera verlo rápido, puede hacer alguna parada en el camino de ida o de vuelta o, si tiene ganas de ver más cosas, puede acercarse a ver el turístico Giant's Causeway o Calzada de los Gigantes -en la costa del condado de Antrim, al norte de la región- con un paisaje rocoso de enorme belleza natural que ha sido declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

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