Además de la ciudad de Dublín, hay en sus alrededores una serie de pueblos, ciudades y paisajes que merecen una visita. Son pequeñas excursiones de un día, pero cada una con su atractivo especial y con cosas diferentes que ofrecer. De todas nuestras sugerencias hay fotos en nuestra sección Fotos de Dublín.
Howth
Howth es un pequeño pueblo costero y tradicionalmente pescador situado a poco más de media hora de Dublín, que en los últimos años ha atraido a muchos dublineses por su tranquilidad y su buena comunicación con la capital. Está situado en la península del mismo nombre, un pequeño saliente de tierra que limita la parte norte de la bahía de Dublín y es un pueblo tranquilo y con mucho encanto, lleno de casas pequeñas, y en el que quedan algunos restos de fortalezas, castillos y su puerto, que hasta mediados del siglo XIX tuvo una gran importancia para Dublín, pero que ahora ha quedado como muelle de pescadores y embarcaciones deportivas.
Además de darse una vuelta por el pueblo y llegar hasta el pequeño faro, en Howth se puede visitar también el castillo y sus jardines (poco que ver con el concepto que tenemos en España de un castillo) y las ruinas de la abadía de Santa María pero, para mi gusto, lo mejor es el paseo hasta lo alto de la colina que domina la península desde donde, en los días soleados, se puede tener una muy buena vista de Dublín, su bahía y parte de la costa que queda al norte de la península de Howth.
Desde Howth, también, se puede ver un pequeño islote no muy lejos de la costa. Al lugar se le llama el Ojo de Irlanda y sólo puede visitarse en verano, ya que sólo es en esa época cuando hay barcos turísticos que hacen el recorrido. Es un lugar interesante para ver aves, pero para los que no sean muy amigos de la ornitología, posiblemente será una pérdida de tiempo.
Para llegar a Howth lo mejor es el tren DART que va paralelo a la bahía y que pasa, entre otras estaciones, por las céntricas Pearse, Tara y Connolly. Hay también autobuses de Dublín Bus -las líneas 31 y 31B- que salen del centro, pero que tarda generalmente bastante más que el tren.
Malahide
Malahide es un pequeño pueblo con aire de lugar de vacaciones para gente adinerada situado a pocos kilómetros del centro de la ciudad. Muy recomendable para pasear cerca del mar o, simplemente, para tomar un café o comer en sus muchos cafés y restaurantes con aire tranquilo y buena comida. Destaco sobre todos ellos el encantador Café Provence, con buena comida, bonita decoración, personal amable y precio ajustado. A veces es difícil encontrar mesa los fines de semana, pero la espera merece la pena.
Los lugares de interés del pueblo están divididos por la línea del DART. Al oeste, más cerca del mar, está el pueblo, con tiendas y restaurantes muy agradables y, ya junto al mar, un puerto deportivo con un pequeño paseo marítimo. Una zona, sobre todo, para pasear y conocer el ambiente de un pequeño pueblo costero irlandés, aunque un poco echado a perder por la influencia de la cercana Dublín.
Por su parte, al este está un enorme parque que se extiende alrededor de un castillo. Al parque se puede entrar gratis, pero el castillo requiere la compra de una entrada. Si se va con niños, les puede gustar mucho entrar a la exposición de la maqueta de la red irlandesa de ferrocarriles que está en el castillo.
A Malahide se puede llegar en tren con la línea del DART o algunos trenes regionales de media distancia que hacen parada allí, todos pasar por la estación de Connolly, o también con la línea 42 de los autobuses urbanos de Dublín, que salen del centro de la ciudad.
Dalkey y Sandycove
Al sur de Dublín hay también una serie de pueblos y pequeñas ciudades con lugares dignos de visitar. Dos de ellos son Dalkey y Sandycove, con restos de castillos, murallas y fortificaciones. En Sandycove, por ejemplo, está la torre circular Martello, construida como defensa por las tropas británicas, que hoy alberga el museo de James Joyce. No es casualidad, ya que su obra Ulises comienza precisamente en esta torre.
Un par de kilómetros más al sur está el pueblo de Dalkey, con fama de haber atraido en los últimos años a muchas personas ricas de Dublín a sus elegantes casas y alguna lujosa mansión que otra. En realidad, el pueblo no tiene mucho que ver. Un par de calles comerciales con el encanto típico de un pueblo pequeo irlandés y, luego, barrios de casas unifamiliares. Entre sus calles se pueden encontrar restos de algunas iglesias y fortificaciones y, si lo que apetece es dar un paseo, hay un camino de senderismo muy interesante hasta Bray paralelo a la costa.
A ambos lugares se llega tomando el tren DART desde las estaciones del centro de la ciudad en dirección sur.
Bray
Algo más al sur de estas dos últimas localidades está la ciudad de Bray. Un poco más grande que los pueblos anteriormente citados, tuvo en el pasado mucha importancia como lugar de playa y veraneo para los habitantes de Dublín y, aunque hoy sigue manteniéndose como un lugar interesante para ir a pasear por la playa o incluso a bañarse los días más agradables del verano, no tiene ese carácter de lugar de largos periodos de vacaciones que tenía antes.
La playa es muy grande y tiene un muy agradable paseo marítimo para dar una vuelta o quedarse a comer algo en alguno de sus bares o restaurantes. Recomiendo, entre todos ellos, The Martello, con ambiente típico de pub irlandés y buena comida a precios razonables. De todos modos, y aunque no es raro ver bañistas, quizá no sea el lugar más cómodo para el baño, ya que la playa es de guijarros.
Además de un lugar agradable -aunque han instalado cerca de la playa ciertos locales de atracciones y diversión para los niños y jóvenes que le quitan cierta tranquilidad y encanto-, Bray es un buen lugar para quien quiera darse un paseo y descubrir así paisajes de costa y naturaleza a muy pocos kilómetros de Dublín. El reto más importante, pero también el más divertido, es subir la pequeña montaña llamada Bray Head, que sobresale con sus más de 250 metros de altura al final de la playa. Depende del camino que se elija, pero si se tienen en cuenta determinados puntos (llevar calzado cómodo, posibilidad de resbalones si ha llovido recientemente y caminos no demasiado fáciles en algunos momentos), es una subida relativamente fácil y que ofrece unas vistas impresionantes tanto de Bray como de los valles cercanos desde la cima.
Si se prefiere no subir, sino seguir caminando alrededor de la costa, hay un pequeño sendero que lleva desde Bray hasta Greytones, bordeando la costa y ofreciendo también vistas muy interesantes.
Para llegar a Bray hay varias opciones. El DART es posiblemente la más rápida y cómoda, pero también llegan hasta allí los autobuses urbanos de Dublín Bus números 45, 84 y 145.
Glendalough
Glendalough significa en gaélico "valle de los lagos" y es, sin duda, uno de los parajes naturales más impresionantes que se pueden encontrar en Irlanda. Está situado a algo más de una hora y media en autobús desde Dublín y el acceso no es especialmente fácil, por lo que recomiendo los tours organizados, los autobuses especiales o el vehículo privado para llegar hasta allí. El lugar está enclavado en la zona de montes de Wicklow -en un parque nacional- y es muy recomendable, si se puede, visitar más paisajes naturales de la zona. Glendalough se puede ver en una mañana o una tarde pero, si se combina con otras visitas cercanas, es recomendable estar todo el día de excursión.
Aparte de ser una zona de altísimo valor natural, tiene un gran valor histórico, ya que San Kevin decidió a finales del siglo quinto elegir aqul lugar para llevar una vida de ermitaño a la que, con el paso del tiempo, se fueron uniendo más personas para crear una comunidad que pervivió hasta el siglo XVII y de la que hoy quedan aún algunos restos con su monasterio.
En la zona hay dos lagos, el Superior e Inferior, rodeados de montañas y árboles. Junto a estos lagos aparecen los escasos restos del monasterio y de allí salen también varios caminos de senderismo que van a dar a la cima de los montes cercanos. Si se tiene tiempo y ganas, son una buena posibilidad para pasar el día entero. Pero, por el contrario, si se prefiere tener un viaje tranquilo, sin mucho esfuerzo físico, es más recomendable no internarse por las montañas y, simplemente, disfrutar de los lagos o de la información que se puede obtener sobre la Irlanda monástica en el centro de visitantes del complejo.
Llegar a Glendalough en transporte público no es fácil. El tren no pasa cerca y las líneas de autobuses regulares tampoco tienen parada (entre otras cosas, por la dificultad de circular con los autobuses de gran tamaño a la zona). Aconsejo que se llegue en coches de alquiler (ojo con la carretera estrecha y con el hecho de que se conduce por la izquierda) o en alguno de los tours organizados que recorren las montañas con guía particular incluido y un precio muy aceptable. Recomiendo especialmente estos tres tours:
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Montañas de Wicklow y Glendalough (por 26 euros, diario).
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Glendalough & Wicklow Adventure. (28 euros, diario)
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Kilkenny, Wicklow y Glendalough. (27,6 euros, con un excelente recorrido, pero sólo los domingos).
Existe también el
St Kevin's Bus que sale dos veces al día desde el centro de Dublín y Bray con destino a Glendalough.