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Usar la bicicleta en Copenhague
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La bicicleta es uno de los principales medios de transporte en todas las ciudades de la región, aunque especialmente en Copenhague. La ciudad está pensada para la bicicleta. Casi todas las grandes calles de la ciudad disponen de carriles especiales y, en las que no existen, los conductores respetan al ciclista como si estuviera conduciendo otro coche, lo que hace cada recorrido fácil y seguro.
Hay muchas cosas que favorecen el uso de la bicicleta en las ciudades de la zona: las distancias son relativamente cortas y las cuestas escasas, con lo que desplazarse de un lugar a otro de la ciudad no requiere demasiado tiempo o esfuerzo. El único gran enemigo del ciclista es el tiempo. Pero para quien no le tema, sin duda la bicicleta será uno de los mayores descubrimientos de Copenhague o Malmoe.
En Copenhague el uso de la bicicleta está más extendido que en Malmoe. La razón de esto es el mayor número de carriles para bicicletas y la estructura de la ciudad, que hace mucho más fácil circular por ella que por las calles algo más estrechas de la capital de la zona sueca. Sin embargo, esto no quiere decir que en Malmoe no haya bicicletas ni carriles para ellas, ni que se pueda disfrutar de un paseo por sus calles aunque Lund es, en este sentido, probablemente la ciudad sueca que mejor se adapte a este medio de transporte.
Quien vaya a residir durante cierto tiempo en cualquiera de estas ciudades debe pensarse seriamente la idea de comprarse una bicicleta. Primero, por la facilidad para usarla y, además, por el ahorro de dinero que supone no tener que utilizar los transportes públicos. La alternativa de un bicicleta nueva es algo que sólo recomiendo a los que quieran permanecer mucho tiempo en la ciudad. Son caras, por lo general, y no compensan la inversión. Para quien vaya a residir por un periodo de tiempo más reducido, yo le aconsejaría que buscara alguna de las tiendas que venden bicicletas de segunda mano o tanteara entre los compañeros o amistades si hay alguien que piensa vender una. En Copenhague hay varias tiendas que venden bicicletas usadas. Mi favorita es una que se llama BrugteCykler, en el barrio de Østerbro, que tiene modelos para todos los precios y gustos y, especialmente, que entrega las bicicletas revisadas y en muy buen estado. También es interesante mirar las bicicletas usadas de la tienda de la cadena Loke Cykler de la calle Griffensfeldsgade, en el barrio de Nørreport. En internet se les puede encontrar en:
www.brugtecykler.dk (También en inglés)
www.lokecykler.dk
Para los “manitas” o los avispados, recomiendo una solución alternativa. Si uno se pasea por la ciudad puede encontrar muchas bicicletas con algún pequeño problema (la Policía considera que sólo en Copenhague hay 2.000 bicicletas abndonadas) o bastantes viejas. Hay gente a la que no le compensa arreglar un pinchazo en una bicicleta vieja o que simplemente no sabe donde dejar la suya cuando compr una nueva y la abanona junto a las estaciones de ferrocarril o en cualquier calle de la ciudad. No es difícil distinguirlas: bicicletas con las ruedas deshinchadas o sin alguna de ellas, muy oxidadas y sin ningún candado. Conozco personas que han conseguido una buena bicicleta arreglando alguna de estas y otros que cuando necesitan repuestos de algún tipo acuden a ellas.
También cabe la posibilidad de acudir a las subastas de bicicletas que realiza la Policía en el depósito de Vanløse. Se trata, principalmente, de las bicicletas abandonadas que retiran de las calles y que se pueden conseguir por muy buen precio. En esta dirección de Internet se puede acceder a las fechas y catálogos de las subastas:
www.topauktioner.dk
El que llega nuevo a las ciudades puede pensar que las bicicletas no llevan candado. Sí lo llevan. Aunque no tengan la tradicional cadena, tienen generalmente un sistema que bloquea la rueda trasera. Que nadie se olvide de utilizarlo cuando tenga una bicicleta. Los robos de bicicletas, aunque no tan numerosos como se podía esperar, existen, por lo que es mejor dejarlas en un sitio seguro en periodos de ausencia largos. Sin embargo, no suele pasar nada si se dejan convenientemente bloqueadas en la calle o en las estaciones de ferrocarril.
Para el turista que esté en la ciudad por un corto espacio de tiempo, es posible alquilar bicicletas en algunas tiendas. Quizá las más populares sean las de las estaciones de ferrocarril Central y de Østerbro. Los precios no son excesivamente caros para un paseo o un fin de semana. Hace no muchos años, también existían bicicletas turísticas que ofrecía la ciudad y que funcionaban como un carrito de supermercado: con una moneda de 20 coronas que se devolvía cuando se dejaba de utilizar. Sin embargo, de ess bicicletas quedan ya pocas y, la mayoría de ellas, son inservibles.
Una de las cosas curiosas, y que nos puede dar algún disgusto, es que de noche es obligatorio usar luces delanteras y traseras. Tanto en Copenhague como en Malmoe puede acarrear una multa de 500 coronas para aquellos que no las lleven. Se pueden comprar en cualquier tienda de bicicletas o incluso en los supermercados grandes como Føtex o : una blanca para la parte delantera y una roja para la trasera, así como los soportes para ellas.
Si alguien prefiere correr el riesgo de salir a la calle de noche sin ellas, mi experiencia me dice que los policías son flexibles hasta cierto punto. El truco de hacerse pasar por extranjero funciona especialmente bien, para lo que lo ideal es no cruzar con ellos una sola palabra en danés y, si piden la documentación, sacar el carnet de identidad español en lugar de cualquier otro danés. Suele funcionar, pero que nadie tiente demasiado a la suerte porque no es agradable.
Además de un eficaz medio de transporte urbano, la bicicleta es una magnífica alternativa de excursión cuando el tiempo acompaña. No sólo para excursiones de un sólo día, sino también para rutas de un fin de semana o de varias jornadas.
Desde Copenhague se pueden hacer pequeñas salidad de un día a ciudades como Roskilde (30 kilómetros), Hillerød (40 kilómetros) o Helsingør (50 kilómetros), además de recorridos más cortos por la costa hasta Ishøj en el norte o cualquiera de las poblaciones del norte o, ya en el interior, por la zona de los lagos cercanos a Lyngby o Farum. Las posibilidades son múltiples y las rutas quedan a elección de los ciclistas, ya que en caso de que el tiempo empeorase o llegase el cansancio, la mayor parte de estas localidades están bien comunicadas por tren, que permite llevar la bicicleta.
En Suecia es un poco más complicado, ya que sólo una mínima parte de los trenes- los Øresundtog que proceden de Dinamarca- permiten llevar bicicletas, lo que limita un poco las posibilidades. Sin embargo, son posibles y recomendables excursiones desde Malmoe tanto por la costa del norte como la del oeste. En Helsingborg, Lund y Lanskrona también hay interesantes parajes naturales que valen la pena para una excursión de un día.
Para fines de semana se puede combinar el viaje en bicicleta con la estancia en algún albergue. Desde Copenhague se puede recorrer la costa hacia el sur hasta los acantilados de la isla de Møn, atravesar la isla de Zelanda de este a oeste para volver luego en tren, o dar una ruta que pase por Roskilde, bordee el fiordo y vuelva a Copenhague por la costa del norte. Mi favorita para un fin de semana es, no obstante, la que atraviesa Dinamarca desde la frontera alemana en Padborg, tomando el barco en Sønderborg hasta la isla de Fionia, durmiendo en Odense (unos 100 kilómetros la primera jornada) y prosiguiendo al día siguiente con una viajecito en tren hasta donde uno quiera bajarse para seguir el paseo. En Suecia, uno puede intentar perderse por el interior de la región y visitar las zonas de naturaleza, o aprovechar para recorridos más intensos por la costa.
Para los más osados quedan empresas más duras en varias jornadas. En Dinamarca hay varias rutas especialmente atractivas, como la que cruza las islas de Zelanda y Fionia y sigue paralelamente a la costa de Jutlandia hasta la frontera alemana y sigue hasta Flensburg y Hamburgo, o la que cruza todo el país de este a oeste hasta Esbjerg, o -la más ambiciosa de todas- la que sigue la costa de Jutlandia hacia el norte hasta llegar a la punta de Skagen.
Mientras, en Suecia, quedan las grandes alternativas de las excursiones a Estocolmo o Goteborg. Además de muchas otras rutas por la naturaleza que llevan a lugares menos conocidos, pero no por ello menos interesantes. El problema es que, un vez alcanzados los objetivos, surge la pregunta que qué se puede hacer con la bicicleta. Los servicios de los ferrocarriles suecos ofrecen, en todo caso, la posibilidad de facturarla por un precio de 375 coronas suecas. Sólo en las zonas que están conectadas con los llamados Øresundtog permiten esta posibilidad, aunque esto reduce las posibilidades de viaje hasta Kalmar, en la costa sureste del país.
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